sábado, 12 de noviembre de 2011

Ganar el futuro

Ayer la noche estuvo marcada por un mundo que se amenaza en pie de guerra.
A lo largo del globo, los pisoteados salieron a juntar bellas palabras cargadas de dignidad, con sombras de revuelta.

La vida hoy se hace más soportable.
Ahora que la injusticia arrecia, se despejan caminos confusos
y en los muros de nuestra indolencia se van abriendo poco a poco las grietas.

El wiskey con hielo, un cigarro y las canciones de nariz,
la misma fórmula de siempre,
y aunque la risa no da abasto, entre canción, rayita y abrazo,
una extraña sensación emborrona mi embriaguez,
sustituye al desparpajo.

Se acerca con aires de futuro desnudo y sincero,
y deja un poso de expectación y un titubeo
que va y viene de la gloria al infierno,
que abraza el cielo sin dejar de tener los pies anclados al barro.

Y la música se detiene.
En la puerta del bar el silencio embarga el ambiente de euforia.
Las miradas de mis amigos se van perdiendo entre las calles de la ciudad,
Mientras pasan a toda prisa las hojas del calendario,
buscando una respuesta certera y firme a esta digna y bendita incertidumbre
que ha venido para quedarse.

Nos van naciendo las ganas de dar la batalla;
se va tornando posible cambiar el rumbo del mundo;
la necesidad de soñar y de andar otra historia,
de parir nuevas formas, de ganar el futuro.

Celebrando

Ya no hay derrota que desmonte mi conjuro.
Ni quietud que cambie el paso
Al descontrol de los segundos.
Subo la nota final de cada verso
Y desparramo en el papel
Arrebatos de placer y desconcierto.

¿qué sabor me dejará la noche que alborota mis tensiones?
¿cuál será la intensidad de la rosada y suave piel de tus pezones?
Apaga la tele y sal de tu casa.
Celebremos un mundo que reniega y descarrila
Del camino malgastado de los días predecibles.

viernes, 14 de octubre de 2011

Ella

Nadie mentiría si dijese que ella habla poco, porque siente que tiene poco que decir.
Apenas acierta a juntar unas letras con otras para darles la voz,
O mucho menos coger el lápiz para darles asiento.
Su mirada joven y atrevida, te acerca a la edad que realmente tiene.
Pero las manos desgastadas y sufridas muestran los años que le arrebataron.

Aunque no fue a la escuela (por ser “ella” y no “él”), ni puede leer el diario,
Sabe cuando va a llover o cuando enferma el niño,
Igual que le sobró la fuerza para posar sobre su espalda y su juventud
Primero la infancia de sus hermanos y luego también la de sus hijos.

Siempre fue más esclava que mujer, más atenta que leída,
Ignorada y sometida, menos dueña, más humana.
Las costuras de la ropa que a menudo lleva encima,
No soportan más de un día el ajetreo de su vida;

Y aunque pobre y descuidada, y de ilusiones amputadas,
Es capaz de hacerle frente a la miseria y la apatía,
Transformando las carencias, la tristeza y la arrogancia
En una preciosa historia de dulce y tierna alegría.

Nunca nos regalaron nada

No caímos aquí por azar;
Ni somos una pompa lanzada en el aire sin sentido ninguno.
Nuestro rostro no es sólo hoy,
Ni será mañana,
También fue ayer,
Y guarda las arrugas de un pasado difícil de encajar.

Seguro que lo de rojo no es casualidad.
Es el color del llanto y el sufrimiento,
De la sangre que costó convertir en presente
Conquistas y derechos al pataleo.
Pero también es rabia y fuerza,
Es la necesidad de plantar cara al insulto y la indolencia.

Ellos nunca nos regalaron nada.

Tuvimos que trabajarnos y conquistar
Atardeceres desnudos de pudores y reservas;
Revueltas de medianoche entre sudor y gemidos,
Abrazando placeres;
La tristeza dada la vuelta,
Enterrada en su espanto,
Herida por nuestro desprecio;
La vida en forma de sexo y de risa,
Alargando sus dedos para rozar el éxtasis de lo humano.

Nada nos regalaron, todo tuvimos que pelearlo.

También el pan y el techo,
El libro y el derecho a la palabra.
Mañana nadie nos arrojará
Como una pompa al vacío y dejada a su suerte;
Estaremos donde esta corriente de avaricia
Y valores que suben y bajan nos deje.

No permitas que nos arrebaten la vida,
Ni te dejes llevar por la inercia que da la derrota.
Pelea el mañana, plántate, brota.
Y recuerda que nunca nos regalaron nada.

sábado, 10 de septiembre de 2011

El barro que lastra mis pasos

Siguiendo las huellas que deja mi vida
De hartazgo y de rabia, de sueños de un día,
Embargo la ley del deseo y la risa
Y cargo a trompazos contra mi alegría.

Simulo que siento que todo es perfecto,
Que ante su avaricia ya no me revuelvo,
Y escupo en la cara de lo intrascendente
Robándome un tiempo que no se detiene.

La luna está ciega y enferma de amnesia;
El sol ciega al hombre aunque nadie se queja;
Si salgo a la calle vomito de histeria
Y su Dios pinta de oro lo que sólo es mierda.

Ya basta de cuentos y de apologetas,
Me bajo de un mundo que apesta a miseria;
Y agarro una piedra y la lanzo certera
Contra los cristales de vuestra indolencia.

A pesar del enfado, del odio y del llanto,
Mañana en silencio me arranco en el canto.
Y es que al caminar, deprisa o despacio,
Me zafo del barro que lastra mis pasos.

Canción Intencionada

Intenta fijar la cabeza.
Se te está resintiendo el alma
De tanto giro brusco del cuello.
Procura quitarte la ropa,
Desnuda de todo
Te sobran las penas.
No busques apoyo en los días
Que no valoraron
Tus noches de entrega.
No vale la pena la vida
Que no se detiene a querer
Por si enferma.

Mas no busques en estas palabras,
Un canto imparcial
Ni un ingenuo poema.
Reconozco que quiero rozar
Tu trasero, tu espalda,
Tu hablar, tu cabeza.
Y sin firmas ni ganas de dar
Sentido al impulso
Que agita mis venas,
Te invito esta noche a jugar
A un juego que sepa
Saltarse las reglas.

Desparramando...

Tengo los sueños estirados de un lado al otro de la habitación.
El cuerpo relajado,
mis brazos colgando de los lados de la cama.  
El roce con las sábanas me excita,
si imagino que tus dedos van subiendo por mis piernas,
abriéndose camino entre el pudor que ya nunca nos visita.

Y entonces me revuelvo, doy mil vueltas
y mis ojos, mi cabeza y yo, todo entero,
vuelvo a estar rozándote la espalda,
buscándote los agujeros.
Comiendo alegrías y placeres,
camino entre tu oreja y tus pezones.

Las caricias van bajando poco a poco, suavemente,
deslizándose mis dedos sin respeto
hasta llegar por fin al encuentro 
con la esencia en la que albergas mil mujeres.

La expresión de tu cara,
tus labios desgarrados,
los ritmos se aceleran,
formo parte de tu cuerpo.
Entro y salgo, te respiro, me retuerzo.

Y es que de tanto susurrar y susurrarnos,
de tanto disfrutar y disfrutarnos,
se nos acabó desparramando el sexo,
reventando nuestros miedos de placer.