No caímos aquí por azar;
Ni somos una pompa lanzada en el aire sin sentido ninguno.
Nuestro rostro no es sólo hoy,
Ni será mañana,
También fue ayer,
Y guarda las arrugas de un pasado difícil de encajar.
Seguro que lo de rojo no es casualidad.
Es el color del llanto y el sufrimiento,
De la sangre que costó convertir en presente
Conquistas y derechos al pataleo.
Pero también es rabia y fuerza,
Es la necesidad de plantar cara al insulto y la indolencia.
Ellos nunca nos regalaron nada.
Tuvimos que trabajarnos y conquistar
Atardeceres desnudos de pudores y reservas;
Revueltas de medianoche entre sudor y gemidos,
Abrazando placeres;
La tristeza dada la vuelta,
Enterrada en su espanto,
Herida por nuestro desprecio;
La vida en forma de sexo y de risa,
Alargando sus dedos para rozar el éxtasis de lo humano.
Nada nos regalaron, todo tuvimos que pelearlo.
También el pan y el techo,
El libro y el derecho a la palabra.
Mañana nadie nos arrojará
Como una pompa al vacío y dejada a su suerte;
Estaremos donde esta corriente de avaricia
Y valores que suben y bajan nos deje.
No permitas que nos arrebaten la vida,
Ni te dejes llevar por la inercia que da la derrota.
Pelea el mañana, plántate, brota.
Y recuerda que nunca nos regalaron nada.
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